lunes, 5 de mayo de 2014

Burocracia honesta, burocracia corrupta y mafia

El nivel de putrefacción de la burocracia sindical hace que popularmente se confunda burócrata con mafioso, lo que oculta el rol negativo de las burocracias sindicales no mafiosas.
El proceso de burocratización del activismo sindical es un proceso donde la corrupción económica es el último paso, los primeros privilegios de la burocratización son beneficios subjetivos.

Burocracia honesta, burocracia corrupta y mafia.

Para la militancia popular la palabra burocracia tiene un significado fuertemente peyorativo, que hace en esencia a aquella casta de funcionarios que se apropian de las organizaciones populares, enajenándolas de su razón de ser para convertirlas en fuentes de privilegios.
Sin embargo, según el diccionario, “burocracia” refiere a aquellas personas que cumplen dentro de una organización tareas permanentes. Cualquier organización popular, política o social, al crecer se ve obligada a crear burocracia para atender las nuevas responsabilidades que va adquiriendo.

Este desmarque entre el significado del diccionario y el significado cotidiano puede provocar reacciones antiburócraticas erróneas en dos sentidos opuestos.
  • Una visión purista, que ve con preocupación cuando miembros de la propia organización o movimiento toman tareas especializadas internas, es decir cuando se comienza a generar burocracia propia. Esta visión puede impedir a las organizaciones populares desarrollarse y ampliar sus límites.
  • En la visión opuesta, el elevado nivel de corrupción y putrefacción de las burocracias corruptas que hegemonizan el movimiento obrero esconde lo perjudicial que pueden ser otras prácticas burocráticas menores generadas, no por la corrupción, sino por concepciones ideológicas estatistas y sustituístas. Cuando burocracia y corrupción pasan a ser sinónimos, se corre el riesgo de embellecer las prácticas de la burocracia “honesta”.
En esta nota voy a hacer referencia a la burocracia según el significado militante cotidiano, es decir a la "casta de funcionarios que se apropian de las organizaciones populares, enajenándolas de su razón de ser para convertirlas en fuentes de privilegios".

Hay que diferenciar entre una organización mafiosa, una burocracia corrupta y alejada de sus bases y una burocracia sindical honesta. (Podríamos agregar como categoría a la burocracia “progre”, que a su vez puede ser honesta o corrupta). Los puntos de contacto entre una y otra son, en todo caso, fruto de la descomposición de la casta burocrática. Si bien es muy difícil encontrar a ninguna en estado puro, debemos distinguir los distintos fenómenos para poder actuar. Para complejizarlo habría que tener en cuenta que estas categorías no son compartimentos estancos, sino que la descomposición marca un proceso con una direccionalidad clara: desde honesta hacia mafiosa.

El semillero de la burocracia

Las burocracias en todas sus formas se nutren de la militancia popular, de izquierda e incluso de la militancia antiburócratica. Si bien es cierto que las peores y más descompuestas burocracias reclutan nuevos miembros entre elementos desclasados y lumpenizados, (por ejemplo el Moyanismo apadrinando boxeadores), para nutrirse de cuadros sindicales con formación política es necesario recurrir a otros semilleros.

La convicción revolucionaria como antídoto contra la propia burocratización tiene el riesgo de contraponer una solución ideológica y moral a un problema que tiene lógicas complejas y presiones reales y concretas.
Gramsci definía a los sindicatos como organizaciones conservadoras porque buscan mejorar las condiciones de vida de los trabajadores pero manteniendo el status quo.[1] La militancia sindical, y sobre todo la dirigencia sindical, tiene presiones del día a día que otras no tienen. No solo el sentido común como contrapeso, sino el hecho de que, también en lo sindical, la construcción de poder incluye alianzas con sectores burocráticos.

Hacia la militancia popular el mecanismo de reclutamiento más importante no es la corrupción, sino ideológico. Este reclutamiento tiene dos pilares:
  • El medio (la organización) se convierte en un fin en si mismo. La organización se convierte en un fin en si mismo cuando se cede a las presiones corporativas y a los objetivos inmediatos de la organización sindical. La construcción de poder popular (poder de los trabajadores en el lugar de trabajo) y los objetivos históricos populares son también la razón de ser de una organización popular y/o sindical.
  • La falta de confianza en el pueblo trabajador como sujeto histórico.
    El endiosamiento de la clase o el pueblo como fuente constante e inagotable de energía revolucionaria, democrática y antiburócratica tiene como contracara la desilusión y la desconfianza en el sujeto histórico, lo que lleva al sustituísmo.
    La confianza en la energía creativa de las masas y la autoorganización popular incluye la convicción de que, cuando la clase no lucha, el sindicato no lucha.
    Cuando se pasa de la fe ciega al escepticismo y se pierde la confianza en la capacidad revolucionaria del pueblo, entonces a los revolucionarios nos queda hacer la revolución contra el deseo del pueblo, hacer la revolución no solo sin el pueblo, sino a pesar del pueblo. Sin pueblo, sin clase obrera, la tarea revolucionaria se hace en soledad y solo queda tejer alianzas con lo potable, con el mal menor, con lo no tan malo: el “progresismo” y/o recurrir al estado como sujeto histórico.

Los beneficios tempranos de la burocratización

Asimilar burocracia y corrupción facilita la tarea de reclutamiento de la burocracia, porque entonces no hay de parte de las corrientes antiburócraticas una correcta caracterización del proceso de burocratización del activismo sindical.
Los beneficios económicos del burócrata llegan años después de las prácticas burocráticas, cuando el nivel de descomposición lo permite. Los primeros beneficios son subjetivos. [2] Estos son:
  • No tener un trabajo alienante: Un burócrata puede trabajar incluso más horas que un trabajador, pero su trabajo es enriquecedor social e intelectualmente.
  • La satisfacción de saber que su trabajo no redunda en ganancia para el patrón, sino en beneficios para sus compañeros a costa del patrón. Salvo algunas nobles profesiones ligadas a la educación y la salud, la gran mayoría de los trabajadores sufren la contradicción (mas o menos consiente) de que hacer bien su trabajo es fortalecer a su enemigo de clase.
  • El prestigio de parte de sus iguales, el hecho de ser reconocido y respetado por sus compañeros.
Imaginemos entonces a un dirigente sindical burocratizando una asamblea para defender “su” privilegio de trabajar para que sus dirigidos mejoren sus condiciones de vida. Independientemente de lo inmediato, en lo que hace a la construcción de poder popular está jugando un rol negativo para la clase trabajadora.

El problema es que estos privilegios subjetivos son irrenunciables para la militancia popular. Es decir:
  • Es necesario que compañeros tomen tareas sindicales, lo que implica dejar un trabajo alienante, y si se progresa será necesario ser sindicalista de tiempo completo.
  • Es necesario que compañeros creen referencia entre sus pares, y lo harán a través del prestigio que logren construir.
Estos puntos de contacto más la subestimación del rol negativo que juega la burocracia honesta facilitan el proceso de burocratización del activismo sindical.
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[1] Gramsci planteaba la existencia de tres tipos de organizaciones obreras; el partido (que agrupa solo a los obreros consientes en una organización revolucionaria), el sindicato (que agrupa a todos los obreros en una organización conservadora) y el consejo obrero (que agrupaba a todos los obreros en una organización revolucionaria y que solo puede existir en momentos revolucionarios)
[2] En la película “los traidores”, Raymundo Gleyzer muestra como un militante popular va convirtiéndose en burócrata sin darse cuenta. Me resulto muy interesante una escena donde, a la hora de rearmar un sindicato participacionista, la única opción viable para la patronal era el protagonista porque era “honesto”. En la película era imposible que los trabajadores aceptaran otro candidato, solo escudándose en la honestidad y el prestigio del protagonista podían re-oxigenar las prácticas burocráticas.

domingo, 6 de abril de 2014

El modelo frente a sus límites

Se rompió la ilusión del capitalismo en serio y sin ajuste. Un repaso por las tensiones y los desequilibrios del modelo económico neodesarrollista del gobierno nacional y un repaso por la coyuntura económica actual.

por Mariano Feliz (EDI)

De la sintonía fina al ajuste (¿heterodoxo?)

Luego de años de prepararlo y anunciar que nunca se haría, llegó el ajuste. Desde la “sintonía fina” de Noviembre de 2011, el kirchnerismo primero postergó y luego disfrazó como otra cosa, la necesidad del proyecto neodesarrollista de reordenar sus desequilibrios en un intento desesperado de evitar que sus límites le estallen. El capitalismo en serio comenzó a mostrar sus rasgos más perversos, luego del agotamiento de la etapa de recuperación e inclusión fácil. Se prepara desde entonces la transición a un neodesarrollismo radicalizado: un ajuste macroeconómico que carga sobre los hombros del pueblo la batalla por la competitividad.
Desde 2008 los desequilibrios era evidentes. La inflación se acentuaba por el control monopolista transnacionalizado de todas las ramas de la economía y por la estrategia que nos coloca como vendedores de materias primas y commodities básicas.

En ese marco, la suba en los términos del intercambio comercial y la lucha social por el ingreso se traducen en inflación. La crisis fiscal se apoya en la decisión de subsidiar al gran capital (sin contrapartidas, ni obligaciones) pero sin ampliar la base impositiva sobre las fuentes de rentabilidad y consumo excedentes. El resultado es una creciente endeudamiento interno (con ANSES y Banco Central) y la presión para (y decisión de) retomar el endeudamiento externo bajo la renovada tutela del FMI.
Finalmente, la crisis externa y productiva que resulta de una política económica que decidió dejar en manos del gran capital las principales decisiones de inversión y, de esa manera, luego de años de crecimiento acelerado, enfrenta los históricos límites del capitalismo dependiente: crisis devaluatoria, industrialización trunca y regresividad distributiva.
El kichnerismo ha intentado superar estos límites -sin salirse del proyecto que ha forjado- apelando a la solidaridad de la burguesía local transnacionalizada. La presidenta los ha invitado a invertir apostando por el país, luego de haberse apropiado de millonarias ganancias.

La respuesta ha sido clara: desinversión y fuga, acaparamiento de mercancías y atesoramiento especulativo de divisas. En el último año ello se acentuó y la consecuencia ha sido la desaceleración de la inversión, la caída brutal en las reservas del Banco Central, el estancamiento económico y la profundización de los límites del “modelo”.

Transición en camino

Los sectores dominantes están decididos a crear las condiciones para que el próximo gobierno de los “partidos del orden” sea el gobierno de la radicalización productivista y competitiva del neodesarrollismo. El kirchnerismo busca llegar al 2015 allanando ese camino, acelerando la transición desde fines de 2013.
El nuevo índice de precios da cuenta del camino elegido hace meses. En el primer bimestre, los trabajadores perdieron más del 3% del valor de su fuerza de trabajo (y por tanto, su poder de compra) con una inflación de 7,1% (a pesar de los “precios cuidados”) frente a salarios que subieron 3,49%; el impacto es aún mayor para los beneficios de la Asignación Universal que no se ajustan desde hace meses.

A esto se suma la decisión de acelerar el ajuste en las tarifas de los servicios públicos por la vía de la reducción de los subsidios, con un impacto directo en los ingresos populares, mientras se mantienen los subsidios y la “promoción” al conjunto de las empresas manufactureras, las automotrices, las mineras y las armadurías en Tierra del Fuego. En paralelo, la economía se estanca y la devaluación y suba de tasas de interés contribuyen a acentuar el proceso. La industria cae 0,5% en el último año y la actividad de la construcción se desploma un 5,2%; como resultado, el crecimiento anual ha sido sólo 1,2%, insuficiente para generar los empleos que incorporen a los jóvenes que se suman anualmente a trabajar.

La devaluación brusca y no compensada (sin protección a los salarios y beneficios sociales) redunda en una violenta redistribución de ingresos a favor de las empresas, en especial las más grandes, transnacionales y exportadoras.
Incapaz de salirse del corcet que construyó, el gobierno busca complementar la devaluación y compensar parcialmente sus afectos recesivos intentando impulsar un salto inversor de parte de quienes se han negado a hacerlo por su propia voluntad: el gran capital transnacional.

Para ello busca cerrar prontamente las puntas abiertas en la reestructuración de la deuda externa, que ya lleva diez años: la búsqueda de un acuerdo con el Club de Paris (de países acreedores, como Francia y España) va en ese sentido, y complementa la decisión de pagar a REPSOL por la expropiación de YPF, la permanencia en el ámbito del CIADI (corte del Banco Mundial para defender los intereses de las transnacionales frente a los Estados) y la aceptación de sus fallos millonarios en contra del país.

YPF se encuentra a la cabeza de esta reafirmación del camino de la dependencia: avanza en los acuerdos con las multinacionales del petróleo, como la francesa Total (convenio directamente ligado a la “solución” de la discordia con el Club de Paris), para la explotación de Vaca Muerta.

La batalla de hoy, prepara la de mañana

Ante la evidencia de la crisis en el neodesarrollismo, el pueblo trabajador despliega la resistencia. Primero, rearfimando la necesidad, en lo inmediato, de frenar el ajuste salarial que la inflación y la política de paritarias tuteladas. La lucha docente en la provincia de Buenos Aires consiguió un triunfo parcial (ya que no alcanza a dignificar en lo salarial la tarea docente) pero significativo (pues supera en mucho el punto de partida, menor al 25% y por debajo de la inflación). El mismo pone sobre la mesa el papel clave de la movilización y la unidad en la acción, y la necesidad de superar la barrera que imponen las burocracias sindicales.
Este es un hito en las luchas futuras de los y las trabajadores de la educación y establece un punto de referencia de objetivos y prácticas para el conjunto del pueblo en lucha.

Segundo, la desaceleración económica y la alta inflación ponen sobre el tapete la necesidad de defender los puestos de trabajo hoy en riesgo así como los ingresos de las familias trabajadoras. Están a la orden del día la necesidad de suspender los despidos, anular el ajuste de los alquileres para viviendas y la ampliación del alcance y urgente actualización del conjunto de los beneficios de la seguridad social (asignaciones familiares, asignación universal, jubilaciones y pensiones).

Escribir para los que no quieren leer

Comparto un texto que creo que nos va a ser muy útil. Es un extracto de un capítulo llamado “escribir para la web”. Son técnicas para escribir textos para un nuevo tipo de lector que se caracteriza por no querer leer. 
Partiendo de que algunos lectores leerán el título, otros el título y los subtítulos, otros el título, los subtítulos y los primeros párrafos, y otros leerán todo nuestro texto, el objetivo es que cada uno de estos diferentes lectores se lleven un contenido coherente, con mas o menos profundidad de acuerdo a cuanto esfuerzo han decidido invertir en la lectura.

Técnica de escritura:


Estructura de pirámide invertida


Es de estilo en muchos medios escritos el desarrollo lógico y secuencial de los razonamientos, motivos y fundamentaciones para arribar paso a paso a las conclusiones que se expondrán al final. El modelo canónico de esta técnica está dado por la tesis doctoral: exposición del problema a tratar, seguido por las hipótesis del trabajo, una reseña exhaustiva del material existente al respecto, luego una descripción detallada de la metodología de investigación, la reseña completa del trabajo de campo, una sección de resultados con todas las tablas de datos obtenidos para arribar al final a una sección de conclusiones, que a partir de todo lo expuesto analizan la validez de las hipótesis previstas originalmente, a lo que se suman otros hallazgos no considerados en las hipótesis. Esto es lo que se llama escritura en Pirámide, donde a partir de la exposición de distintas capas de contenido se construye un cimiento sólido del cual se derivan las conclusiones. La prensa hizo suyo el estilo opuesto, la pirámide invertida: primero las conclusiones, luego las explicaciones y al final los detalles.
Este estilo se adecua muy bien a la Web. A diferencia de la escritura piramidal tradicional, esta forma permite que quien lee interrumpa la lectura en cualquier momento y que el contenido que leyó tenga sentido completo y contenga la información más relevante, variando el nivel de detalle de la información según el momento en el que dejó de leer.

Estructura autosimilar


Si partimos de un martillazo el televisor obtenemos pedazos de televisor, nada que se parezca a televisores chiquitos. Por el contrario, si partimos de un martillazo una piedra, obtendremos una colección de piedras más pequeñas, que a su vez pueden ser divididas en otras piedras y así sucesivamente. A esto se le llama estructura autosimilar: una estructura donde cada parte es de la misma clase que el todo. Existen en la naturaleza y en la ciencia numerosas estructuras auto-similares. Por ejemplo: las nervaduras de una hoja tienen una estructura auto-similar, un segmento de recta es una forma auto-similar. Inclusive la similitud entre el sistema planetario y la estructura atómica hacen pensar en que es posible encontrar un camino para una posible estructura auto-similar de carácter universal, pero eso es harina de otro costal.

Un texto auto-similar es un texto que al ser dividido en textos más pequeños, cada uno de ellos sigue manteniendo sentido. La idea de auto-similitud le aporta al texto la capacidad de que el internauta elija qué partes del documento leer y en qué secuencia hacerlo, manteniendo la capacidad de transferir el conjunto de ideas que el autor se propuso transmitir cuando lo escribió. Si partimos una novela en tres partes, inclusive aplicando un buen criterio y la mejor buena voluntad, no obtendremos tres novelas más cortas. Sería deseable que si partimos en tres un contenido Web, obtengamos tres contenidos más cortos, con menos detalle, pero que siguen teniendo sentido como contenidos Web.


La escritura auto-similar va en contra de algunas buenas prácticas del relato, donde los párrafos se encadenan unos con otros generando un hilo conductor que mantiene el interés del lector en el texto. Precisamente este hilo conductor hace que comenzar a leer en el medio, saltear renglones, no terminar de leer los párrafos, provoque que el lector rápidamente se desoriente y el relato pierda el sentido.

Internet es un medio en el que rara vez la lectura es secuencial y continuada, donde en la mayoría de las ocasiones se saltean párrafos y se abandonan frases, donde la vista aterriza en el lugar menos pensado del texto, por lo que la escritura auto-similar busca garantizar que cada pequeño esfuerzo que el usuario haga por leer uno o dos renglones le devuelva una cantidad razonable de valor.

Escritura en capas transparentes


Otra técnica muy útil es concebir el documento que se está escribiendo para la Web como la superposición de varias capas transparentes, cada una de las cuales contiene todos los textos que pertenecen a un mismo nivel jerárquico. La capa de mayor jerarquía contendrá probablemente el título, que debe tener sentido en sí mismo. La capa de jerarquía 2 contendrá los subtítulos. Al superponerla con la 1 obtendremos un documento que tiene el título y los subtítulos, asimilable a una tabla de contenidos del documento. Si la capa 3 contiene el resumen que sigue al título y los destacados de cada párrafo, al agregarlo a las capas 1 y 2 obtendremos un documento similar al que teníamos, pero que ahora agrega un nivel más de profundidad al contenido.
Y así sucesivamente. La escritura en capas transparentes es sumamente efectiva a la hora de permitir ojear documentos, ya que es probable (y recomendable) que los contenidos usen tipografía más grande cuanto mayor sea la jerarquía de la capa a la que pertenecen. Así el ojo del visitante podrá recorrer la página Web seleccionando los tipos de letra mayores o iguales a un tamaño dado (algo que los humanos hacemos inconscientemente, sin necesidad de ningún esfuerzo) y obtendrá un contenido completo, razonable y con un nivel de detalle acorde al tamaño seleccionado. Otra forma de ver la utilidad de la escritura en capas transparentes es que si el usuario lee solamente 25 palabras, hay gran probabilidad de que sean las de mayor tamaño y que nosotros elegimos para la capa 1 o 2, con la preocupación de que tengan sentido y entreguen un contenido útil.

viernes, 2 de agosto de 2013

Sobre el texto "Construir otro Camino": el progresismo genuino y la burocracia progresista.

Este texto es fruto del escrito “construir otro camino” publicado en argenpress. Entre los firmantes de ese documento hay personalidades a las que ha recurrido en numerosas ocasiones en busca de claridad, pero que en esta ocasión me ha despertado la urgente necesidad de responder.

El texto sostiene que “las elecciones no son un ámbito para zanjar diferencias teóricas”, con lo cual se podría entender el durísimo y a la vez superficial hincapié en las falencias de la izquierda tradicional y como contracara la superficial y exagerada edulcoración de Lozano y Degenaro. Estas simplificaciones pueden ser entendibles en un texto electoral cuya única finalidad es argumentar a favor del voto a Camino Popular en capital, pero el texto también aporta a la caracterización de la etapa y las tareas de la militancia.

La experiencia electoral de Camino Popular es parte de los pasos que la Nueva Izquierda en el terreno electoral, y es un alianza electoral correcta según determinan los objetivos que persigue... mis criticas al artículo “construir otro camino” surgen a partir de la proyección que los autores proponen. 

En principio necesito señalar dos verdades de perogrullo para mi argumentación: El sujeto histórico y la lucha social y la electoral.

Sujeto-Pueblo trabajador

No encontré en el texto referencias al sujeto histórico, que para la izquierda tradicional es el “proletariado industrial”, y que como nueva izquierda venimos (aun) definiendo como “pueblo trabajador”: una alianza de clases oprimidas y sectores sociales (trabajador, territorial, campesino y estudiantil). El sujeto-pueblo es el que va a llevar a cabo el cambio social, y no el partido, menos el comité central, ni el ejercito revolucionario ni la junta de comandantes ni ninguna otra variable que pueda postular el sustituísmo. En ese marco la tarea de construcción de poder popular es simplemente construir el poder de este sujeto, y la participación electoral sirve solo si construye poder para dicho sujeto-pueblo. En ves de este sujeto-pueblo (o alguna parte de él como los estudiantes, trabajadores u otros) el texto tiene como sujetos a las distintas corrientes y organizaciones de izquierda.

Lucha de clases: Lo social y lo institucional, y lo electoral

Como Nueva Izquierda posiblemente estamos sobrevalorando las elecciones. Es que nos ha costado tanto dar los primeros pasos en este terreno que cada paso en si mismo es festejado como un triunfo. Vemos a la lucha de clases en dos caras, la lucha social y la lucha institucional, y una parte de la lucha institucional es la lucha electoral. Es decir, al fin y al cabo lo electoral es solo una mitad de una mitad. Definimos al terreno electoral como el terreno del enemigo, donde éste pone los tiempos y las reglas. Nuestra tarea es reflejar la lucha social en el terreno electoral.

Diferencias de lógicas y dinámicas entre la lucha social y la electoral

 Lo electoral divide lo que la lucha social une.

La lucha social nos agrupa en objetivos populares. Como el protagonista de la lucha es el sujeto-pueblo, nuestra participación solo existe como parte del sujeto. El nos agrupa a todos (izquierda tradicional-nueva izquierda-genuino progresismo) en una unidad "natural" que de acuerdo a los objetivos puede ser mas o menos heterogénea, por ejemplo el arco de alianzas "de hecho" que incluyó desde Moyano al troskismo contra la ley de las ART.
Por el contrario, en el terreno electoral nuestros adversarios son quienes más se nos parecen, y no tenemos contradicciones con nuestros enemigos de clase. No le disputamos votos al PRO, pero el voto izquierdista o progre está tironeado entre quienes queremos representar este bando en la lucha de clases. Cada avance electoral del FIT es un retroceso para nosotros y viceversa.
No voy a negar la necesidad de aportes teóricos que contribuyan hacia la unidad electoral de la izquierda, pero creo que esta no es ideológica sino que depende de que el sujeto-pueblo nos una. Es decir, la unidad de la izquierda es una parte de la lucha de clases expresándose en lo electoral, “el bolivarianismo en Venezuela, el Siriza de Grecia, o lo que fue el MAS en Bolivia” han logrado reunir “militancia dispuesta a confrontar con los poderosos” en la lucha de clases y es esa unidad la que se refleja en el terreno electoral.

 En lo electoral la hegemonía se construye en la moderación,
en la lucha social la hegemonía se construye en la radicalidad.

En el texto los compañeros formulan el necesidad de “incorporar (nociones generales) a las intervenciones de campaña para no quedar prisioneros de (…) formulaciones ambiguas que eluden la batalla frontal contra la explotación capitalista”, pero la dinámica electoral va en el sentido opuesto. La moderación tiende a hegemonizar lo electoral porque moderando las consignas se amplía el caudal electoral. En cambio, la lucha de clases polariza en grandes bandos que se radicalizan. Así el individuo o colectivo que está peleando el territorio, sobre todo en momentos extremos, exige decisión y radicalidad al polo que lo agrupa, pues nadie se juega el pellejo por la moderación.

Compañeros o no en la lucha de clases:

 La izquierda tradicional:

En el texto los compañeros señalan la necesidad de “dilucidar si lo que impidió forjar un frente más nutrido fue la subsistencia de prejuicios anti-izquierdistas”.
Creo que la Nueva Izquierda a forjado en la experiencia una ley no-escrita que reza “Una política correcta te mantiene alejado de la vieja izquierda”. La militancia de la Nueva Izquierda comprueba la vigencia de esta horrible ley en numerosos desencuentros en el trabajo de base con la izquierda tradicional. El peligro que creo advierten los autores es que esta ley mute hacia “Mantenerse alejado de la vieja izquierda te mantiene en una política correcta”, confundiendo causa y efecto.
Sin embargo, las diferencias ideológicas o metodológicas que tenemos nunca han impedido que la lucha de clases nos ubique como compañeros del mismo bando. La red de difusión de información, los carriles por donde circulan los debates, la red humana que pone el cuerpo en las tareas y por supuesto que lo pone para enfrentar la represión legal o ilegal esta conformada por la militancia de la Nueva y de la Vieja Izquierda sin distinción.
Aunque las diferencias políticas a veces nos lo oculten, no podemos negar que en los grandes trazos hemos sido aliados “de hecho” en forma espontánea, y que las diferencias surgen recién en los trazos finos. Esta unidad no depende de nuestra voluntad, nos une el sujeto-pueblo.
Sin embargo debemos admitir que la unidad "de hecho" en la lucha de clases no ha devenido en el deseo de conformar una unidad en lo electoral.

 La burocracia progresista y la lucha de clases

El progresismo genuino existe, son nuestros compañeros en la lucha de clases… la pregunta es si Lozano y Degenaro lo son.

Con Lozano y el Degenarismo nos hemos encontrado en la lucha en varias ocasiones, pero también lo hemos hecho con Moyano. Y la unidad de acción con ambas burocracias tiene la misma lógica: cuando son opositores al poder de turno pero no cuando son oficialistas. Es que la burocracia progresista comparte con su hermana mayor la concepción de la lucha de clases como campo de maniobra para construir poder propio.
Otra coincidencia es su aversión a la autoorganización popular. Los procesos continentales le han enseñado a la Burocracia Progresista a repetir conceptos como Poder Popular y Democracia de Base, pero en su boca son palabras vacías de contenido porque como todo burócrata saben que las mejores asambleas son las que ellos controlan.
Lo cierto es que donde el degenarismo conduce (Prensa-UTPBA, el estado-ATE y docentes, por ejemplo) para la izquierda independiente hacer trabajo de base es enfrentarlos.
Recordemos, por ultimo, las jornadas del 2001. A diferencia de la izquierda tradicional que con sus falencias puso lo mejor de si, la Burocracia Progresista nos ofreció lo peor de si.

El proyecto centroizquierdista argentino ha fracasado tantas veces como se ha vuelto a reeeditar, y podemos afirmar que este sigue siendo el proyecto de Lozano. Tanto que no es un giro a la izquierda lo que separa a Lozano de Binner, sino el giro a la derecha de Binner lo que lo deja afuera. Y aun así el proyecto centroizquierdista sigue vigente, tanto que los autores del texto advierten que aun queda pendiente consolidar “la ruptura con la estrategia que todavía apuesta a un voto por Binner en el 2015”.

La nueva izquierda

A lo largo de la historia siempre existió una Nueva Izquierda, reconociera ese nombre o no. Por poner un ejemplo (pongamos entonces el Ejemplo) los bolcheviques eran la Nueva Izquierda cuando la izquierda de la 2da internacional había dejado de ser la herramienta que el sujeto necesitaba en la lucha de clases.
Es el 2001 lo que marca los limites de la vieja izquierda, cuando sus falencias jugaron un rol negativo superior al rol positivo de sus virtudes, y es el 2001 el que parió a la nueva izquierda. En otras palabras, si la izquierda tradicional superaba la prueba del 2001, la Nueva Izquierda no tendría razón de existir. Lo que marca la necesidad de una izquierda nueva es lo que el sujeto-pueblo necesita en lucha de clases. Como lo nuevo, nuestra esencia es reemplazar a los viejo, superar las falencias de la vieja izquierda y asimilarla.

La nueva izquierda en lo electoral

La nueva izquierda, con muchas dificultades, ha decidido “pegar el salto a la intervención electoral”. Son primeras experiencia, distintas entre si, en un terreno desconocido y hostil. Este animarse a sido errático, nos ha dejado muchísimos tropiezos y dolores de cabeza.
Comparto la valoración de los autores sobre las experiencias del MAS y de Syriza como ejemplos a seguir. Creo que la lucha de clases será el catalizador que nos permitirá dar el salto y de seguro podremos confluir con “rupturas en las fuerzas actualmente mayoritarias” desde una posición popular y antisitémica.

A diferencia de Rosario, La Plata y otras exploraciones electorales, camino popular es una experiencia de la Nueva Izquierda en alianza con sectores que no son compañeros en la lucha de clases. No estoy expresando ningún juicio de valor en esto, en ese punto es diferente al resto y debe ser explicito. En ese sentido, Camino Popular es una alianza válida que persigue objetivos válidos: Conseguir la primera banca de la Nueva Izquierda en Argentina.

Está en la agenda de la Nueva Izquierda construir una “coalición” que luche “por construir proyectos reales de transformación social” y nada impide concretar alianzas puntuales con distintos actores incluídos burocracias mas o menos progresistas, pero una integración estratégica con el degenarismo significaría perder esa agenda.

lunes, 22 de abril de 2013

Los mitos de la “gente normal”

Un análisis de algunas de las principales ideas que volvieron a expresarse el 18A. Cómo las ideas de las clases dominantes se construyen como sentido común.
Por Ulises Bosia.
(extraído de marcha.org)

Son gente normal. Ni de izquierda ni de derecha. Ni peronistas ni radicales. Ni jóvenes ni viejos. Tampoco ricos, ni mucho menos pobres. No pertenecen a ninguna clase social en especial. Simplemente son vecinos. Personas preocupadas por sus problemas concretos. No levantan programas políticos ni consignas que los unifiquen. Tampoco se encolumnan detrás de ninguna bandera partidaria, solamente enarbolan la bandera argentina. No fueron convocados por ningún dirigente político, ni tampoco por los medios de comunicación, sino que se autoconvocaron a través de las redes sociales.

Así es como gustan identificarse los manifestantes del 18A, o en todo caso como los identifica el discurso de los medios de comunicación masivos opositores al gobierno nacional, lo mismo que los distintos sectores de la oposición política que pretenden capitalizar su descontento en las próximas elecciones legislativas.

En esta nota la idea es demostrar la profunda carga ideológica que contiene esta caracterización de los manifestantes del jueves pasado, a partir del cuestionamiento de algunos de los principales lugares comunes del pensamiento de la “gente común”, valga la redundancia.
1. “No me dejan hacer lo que yo quiera con mi plata”.
Esta frase ya es un clásico, desde que rigen las restricciones para la compra de dólares y euros para ahorro. Detrás de que “la plata me la gané trabajando y el Estado no puede obligarme a qué hacer con ella”, se esconde una enorme ficción. El dinero, esos papeles donde algún artista ignoto dibujó a distintos próceres de la patria (y también a algunos otros…), sólo tiene valor en la medida en que en primer lugar fue emitida por el Estado, en segundo lugar porque cuenta con el respaldo del Banco Central y en tercer lugar porque forma parte de un mercado nacional regulado por normas que fueron sancionadas desde el poder del Estado. Si no los billetes serían simples papeles sin ningún valor. El cuento neoliberal que afirmaba una supuesta retirada del Estado de la economía para dejar que operen las reglas del mercado, nunca pudo ser cierto porque no existe ningún mercado funcionando de manera estable sin la autoridad del Estado regulando sus actividades y, en última instancia, ejerciendo el poder de policía para la defensa de la propiedad debido al monopolio de la fuerza pública con el que cuenta. Lo que sí existen son distintas formas de regular el mercado y distintas políticas públicas desde el Estado, en función del bienestar de distintos sectores de la sociedad.

2. “El Estado me confisca con impuestos la plata que me gano trabajando”
Esta frase que parece inocente esconde otro de los grandes mitos del liberalismo. Se trata de una idea basada en una gran abstracción. Habría un primer momento del trabajo, que involucra sólo a la sociedad, donde cada uno ganaría su dinero; seguido por un segundo momento, en el que ya la sociedad estaría regida por el poder del Estado, donde las autoridades se quedarían con una parte de ese dinero ganado mediante los impuestos. En este caso, desde luego, también estamos en presencia de una enorme ficción.
Sería un mundo donde no existan convenios colectivos de trabajo ni leyes laborales. Es decir, ninguna de las regulaciones que hacen que los dueños de cada empresa paguen un determinado salario a sus trabajadores. Ni hablar de por qué deberían pagar o garantizar ciertas condiciones de trabajo sin una autoridad ante la que eventualmente rendir cuentas.
Y sin embargo, a pesar de todo esto, hay que decir que estas realidades existen: son las de la economía en negro que golpea a un número enorme de miembros de la clase trabajadora argentina. Y en los casos extremos es la realidad de la esclavitud laboral, también existente a pesar de todas las leyes y las regulaciones. ¿Es a este tipo de situaciones las que reivindican los manifestantes? ¿Se puede aventurar que la presencia de esta idea es una suerte de reflejo subjetivo de una realidad objetiva caracterizada por una enorme porción de economía en negro que sufrimos los trabajadores?

3. “Necesitamos una justicia independiente”.

Esta es la frase que está más de moda. Ante la tímida reforma judicial planteada por el gobierno nacional las manifestantes enarbolaron las banderas de la república, de la división de poderes y de la independencia del Poder Judicial. Desde luego, la influencia del poder económico en la “Justicia” no forma parte de las preocupaciones de estos vecinos, aunque sí que están horrorizados por la posibilidad de que sean los partidos políticos más representativos quienes designen a los funcionarios judiciales.

Es bueno en este sentido recordar que nunca en la historia argentina la elección de los jueces estuvo deslindada de la política. De hecho hasta la reforma constitucional de 1994, cuando fue creado el Consejo de la Magistratura, a los jueces los nombraba la Cámara de Senadores, a partir de una propuesta del Poder Ejecutivo. Es decir que era una forma más directa de designación por parte del poder político electo en las urnas por el voto popular.

La ficción en el caso de este mito del liberalismo tiene que ver con la idea de que los jueces deben formar parte de un sector social aislado, objetivo y neutro, impermeable a las presiones políticas, que es imposible de verificar en cualquier caso concreto. A su vez esta idea impide cualquier modificación del único poder que, no por casualidad y por citar sólo un tema, hasta ahora salió indemne de su complicidad con el genocidio de la última dictadura militar.

Estos mitos liberales no son inocentes, representan la ideología que mejor defiende los intereses de las clases dominantes de nuestro país. Y son sólo algunos. También podría hablarse por ejemplo de la lectura moral de la política que permanentemente se cuela cuando se habla de corrupción. Es por eso que estos mitos son difundidos incansablemente por distintos aparatos culturales como la educación o los distintos medios de comunicación empresariales. Un Estado impotente para modificar las estructuras políticas, económicas y culturales que oprimen a nuestro pueblo es el mejor escenario posible para que unas pequeñas pero poderosas minorías sigan disfrutando gigantescos privilegios en nuestra sociedad.

jueves, 28 de marzo de 2013

Fuentealba y el control de la calle


El asesinato de Carlos Fuentealba estuvo enmarcado en una discusión en la clase dominante sobre si el estado había recuperado o no su capacidad de reprimir la protesta social.
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En el 2007 existía un debate interno en la clase dominante sobre que táctica utilizar para contener la protesta social, es decir, como recuperar la calle. ¿El 2001 ya estaba lo suficientemente lejos? ¿El movimiento social aun mantiene reflejos de esas jornadas? ¿Se puede retomar la ofensiva? ¿O se debe ejercer una represión velada, escondida y puntual?

Por un lado, el kirchnersimo planteaba una represión velada, paraestatal, puntual a elementos seleccionados, escondida. Como ejemplo de esta represión informal podemos mencionar la patota de ñoquis municipales que reprimió la toma del hospital Francés en octubre del 2006.
Por otro lado, con el diario La Nación como su referente más serio, se fustigaba al kirchnerismo su uso de elementos alternativos y se proponía la rejerarquización de la policía como "EL" actor natural para ejercer la represión.
Contra los llamados a la no tolerancia de piquetes, el Kirchnerismo hablaba de “no reprimir la protesta social” mientras buscaba cooptar todo los actores sociales cooptables, y aislar los no cooptables.

Sosbicht, el candidato del orden
Es en medio de esta situación que un candidato a presidente intenta encarar la figura del orden asumiendo la representación del bando antiK en este debate. Jorge Sosbicht, gobernador de Neuquén por el MPN se ofrece como el candidato que acabará con los piquetes y le dará al estado las herramientas para recuperar el control de la calle.

El Paro del 4 de abril del 2007 con corte de ruta impulsado por el sindicato docente de Neuquén (ATEN) le presenta entonces una oportunidad de explicar a sus votantes como sería su obra de gobierno. La represión de ese día fue planificada como parte de su campaña presidencial.

El operativo policial es el más grande de la historia de la provincia, y se permite a la TV transmitir todo para que todo el país pueda verlo.
Los docentes confluyen en el punto donde estaba planificado el corte, pero ante la magnitud del operativo se retiran sin cortar la ruta. La policía los acompaña hostigándolos. El corte se había planeado en una zona alejada, por eso los docentes se turnan para subir a los pocos autos que conforman la caravana. La mayoría de los docentes va a pie pues los micros los han abandonado. Carlos Fuentealba, según todos los testimonios, acepta ocupar su turno de descanso en un auto ante la insistencia de sus compañeros.

Los docentes se retiran en orden, sin entrar en las múltiples y constantes provocaciones policiales. Sin embargo la decisión está tomada, se va a reprimir si o si. La tropa recibe la orden de avanzar sobre la caravana de docentes, las cámaras lo ven todo ya que no hay nada que ocultar: “que lo sepa el mundo, esta será mi política antipiquetes”. Palos, balas de goma, gas… el cabo Poblete dispara un gas lacrimógeno al auto donde está Carlos, el proyectil atraviesa la luneta y pega en la nuca de Carlos. Sus compañeros, desesperados, lo bajan malherido y lo recuestan en el asfalto.

Entonces, los oficiales al mando advierten que hay un muerto y detienen la represión. La orden era pegar pero no había autorización para matar. La policía es un perro fiel que mata con gusto, pero sabe que solo puede hacerlo si la dejan. Los docentes gritan "asesinos" al cordón policial, que responde con cara de pocker. El cabo Poblete desaparece de la escena, sus compañeros lo meten en un móvil y se lo llevan.

La reacción social ante el asesinato de Carlos Fuentealba resuelve el debate sobre el control de la calle: Podríamos decir que el kirchnerismo gana la discusión: “su” método es más lento y engorroso, pero es el único viable. Nuestra sociedad reacciona ante este asesinato, la candidatura de Sosbicht se derrumba, hay un paro docente nacional y un paro general provincial. La indignación que recorre nuestra sociedad se refleja en todos los diarios, radios y la TV.

Conclusiones:
  1. Cuando la policía mata, mata con balas de plomo: Kostequi y Santillán, el 20 de diciembre, etc. El asesinato de Carlos Fuentealba en Neuquén fue una ida de mano. La orden era una represión dura, poner de ejemplo a los docentes, intimidar a toda la sociedad, pero no estaba autorizado ningún asesinato. Por eso los mandos ordenan detener el operativo.
    1. En la masacre del puente Pueyrredón, por el contrario, la represión continúo varias horas posteriores a los asesinatos de Darío y Maxi, incluso en el hospital donde estaban los militantes heridos y se continuó la ofensiva con operaciones de prensa y un discurso que justificaba los asesinatos.
  2. Actualmente, la táctica más utilizada para matar se basa en el trabajo coordinado de dos niveles de represión, uno legal y uno ilegal. Se organiza el operativo represivo y dentro de este, se organizan los grupos que van a matar… Toda la policía participa de una represión "legal", solo algunos grupos de elementos "confiables" participan de la represión ilegal (asesinatos). Ambos sectores trabajan de conjunto y bajo un mismo comando unificado.
    1. En los 80-90 las fuerzas represivas llevaban armas no reglamentarias para que, en caso de usarlas, las “pericias” posteriores indiquen que no fue un proyectil de la fuerza. Podemos suponer que esa “táctica para matar” era fruto del poco respeto que los oficiales tenían en sus mandos civiles: Poco respeto en el sentido de que no se esperaba que el poder político tuviera “los huevos” para autorizar a matar, y poco respeto en el sentido que no se esperaba que el poder político tuviera “los huevos” para castigar los asesinatos.
  3. La decisión de matar es una decisión política, se toma arriba de la policía de acuerdo a un análisis de la realidad. La policía es el asesino material, no el intelectual.
  4. Que la policía (o cualquier otro grupo de choque) mate sin autorización genera problemas al poder político. El parque indoamericano y Mariano Ferreira son ejemplos puntuales de perdida de control de los grupos de choque por parte de sus jefes políticos. En los últimos años ha habido grandes esfuerzos por controlar la capacidad de matar de las distintas fuerzas. Las policías provinciales, menos entrenadas, son las más incontrolables pero esto se compensa con el menor valor que tiene la vida en las provincias.
  5. La sociedad argentina guarda una sana intolerancia hacia la muerte. Pero esta intolerancia está matizada racial, social y regionalmente.
    1. Matar un docente fue para Sosbitch un suicidio político,
    2. Asesinar un joven blanco de clase media es inaceptable, sobre todo en ciudades importantes.
    3. Los Qom de Formosa soportan constantes ataques y asesinados pero solo conmueven a los sectores progresistas de la sociedad.
    4. Los dos jóvenes asesinados en el descarrilamiento de José León Suárez han sido mucho más fáciles de asimilar. Solo sectores progresistas con algún grado de compromiso militante se han indignado.
La clase dominante, experimentada en la tarea de dirigir la sociedad, analiza cada nueva situación para aprender de sus errores. Miden constantemente la reacción social ante cada muerte para saber cuando dar la orden y cuando no, pues ha comprendido que su capacidad de reprimir depende del consenso social que posee. Nosotros, como militantes revolucionarios, necesitamos sacar nuestras conclusiones. Que nuestra sociedad brinde consenso para reprimir o, al contrario, que apoye las iniciativas populares en la lucha de clases es también un campo de disputa.

jueves, 11 de octubre de 2012

Entrevista de Lanata a Modesto Guerrero

Entrevista te Jorge Lanata a Modesto Guerrero en radio Mitre el 8 de octubre del 2012
(link de referencia)

“ 'El gobierno de Chávez es insoportable para EEUU', dijo Modesto Guerrero, periodista y autor de la biografía más vendida del presidente venezolano. Además, escuchá el debate que se armó con Jorge Lanata sobre los grupos políticos armados en Venezuela."