Sueños de Revolución

Algunas conclusiones sobre un conflicto muy importante en el departamento de Historia del profesorado Joaquín V. González (C.A.B.A.). Ocurrió en el 2010 por la actualización del plan de estudios de la carrera y la participación de la comunidad educativa en esa actualización.
En el conflicto se enfrentaron una oxidada camarilla docente, acompañada por su agrupación estudiantil satélite "Ayacucho", y todas las agrupacione estudiantiles agrupadas a través del denominado "espacioReforma".

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El esfuerzo militante en la resistencia, en la elaboración y en la defensa de un plan de estudio alternativo nos deja el sabor amargo de no haber podido vencer en la lucha. Derrotados por la mediocridad de una camarilla docente miserable[1], creo que es necesario que saquemos las conclusiones necesarias para mejor continuar la lucha.

No pretendo en este balance analizar las culpas del adversario sino nuestros errores. La camarilla es lo que es y no podía hacer otra cosa. Arrogantes, prepotentes y soberbios, se movieron con torpeza y estupidez en una lógica cortoplacista. En este sentido, su accionar fue lógico.

Nosotros, asumiéndonos como el bando positivo que impulsa los cambios en beneficio de las mayorías, fuimos los que no pudimos. Ellos como reaccionarios hicieron su trabajo, conservaron el orden existente. Nosotros, como revolucionarios no logramos generar el cambio en la profundidad que deseábamos.
Pero no es cuestión de hacer un mea culpa, sino de avanzar.


Un camino de mil millas...


La primera pregunta que me hago es: ¿podíamos ganar? O mas concreto: ¿Podíamos quebrar la mayoría automática con quórum propio de la camarilla en la junta de carrera?

Y la respuesta yo creo que es NO.

No llegamos a ese momento con el suficiente consenso entre los docentes más progresivos, no teníamos el suficiente poder dentro de la institución, no llegamos a construir los suficientes lazos de compañerismo y solidaridad con los otros departamentos.
Es decir, como movimiento estudiantil presentamos una batalla que no podíamos ganar.

Pero yo creo que la lucha no sólo fue correcta, sino constructiva y enriquecedora. Entonces ¿Cuál fue nuestro error? El error fue ver la implementación de un plan de estudios como tarea actual en ves de cómo horizonte. 

Construcción por la positiva

El conflicto como saldo positivo nos dejo la conciencia en nuestra capacidad de construir por la positiva, de generar política propia (y no solo política por reacción), de avanzar sobre el monopolio docente del saber y de lo académico.

En la lucha el movimiento fue construyendo poder popular en el instituto. El poder de ocupar el espacio público y poder para generar contenido académico con nuestros propios saberes.

Y construimos contrahegemonía, porque en el movimiento estudiantil se nuclearon cada ves más estudiantes y docentes.

Yo creo que existió algo que rompió la dinámica habitual de la clásica agitación por la oposición a las iniciativas que toma el enemigo. Ese algo es el Espacio por la Reforma.

El Espacio planteó construcción por la positiva, y es lo que le dió insumos a la lucha, la extendió y fortaleció. Fue lo que hizo que en las tomas, asambleas y plenarios pudiéramos decir “estamos a favor de esto” y no solo el clásico “estamos en contra de lo otro”.

Esta construcción por la positiva significó que:
  • El estudiantado toma la iniciativa y obliga a los reaccionarios a responder. Es decir, rompemos el monólogo cuando ellos son los que se oponen a lo que nosotros hacemos.
  • Desarma el discurso que nos etiqueta como gente que no puede hacer nada salvo oponerse a las iniciativas del poder.
  • Acumula desde otro lado, teniendo influencia sobre los estudiantes y docentes que usualmente no se movilizan. Esto permitió al activismo ampliar su base social, nutrirse y fortalecerse y le dio más libertad de movimiento.
Y sobre todo significó:
  • construcción de Poder Popular en el Instituto. Porque cuando los estudiantes elaboran planes académicos disputan el monopolio del saber docente trastocando toda la lógica de iluminado y alumno y discuten el monopolio de quien toma las decisiones y el mandar y obedecer. Ocupan territorio del enemigo.

El palacio de invierno

Entonces, en esa lucha donde cada acción nos fortalecía más, en el momento que apareció esa batalla que no podíamos ganar debimos simplemente ceder y consolidar lo ganado.

El objetivo es estratégico en cuanto es un norte que fija el camino mientras, en la lucha, se alcanzan objetivos más modestos pero previos e imprescindibles que preparan la conquista del horizonte en un segundo momento.
Haber planteado la necesidad de ceder en medio del conflicto hubiera sido tachado de entreguista, pero la verdad es que toda construcción sigue este proceso. Muchas corrientes participan en las luchas populares buscando lo que ellas ven como el paso previo imprescindible para la victoria popular: su propia construcción como organización política. En ese caso, mi única crítica a esas corrientes es disociar la autoconstrucción del fortalecimiento del movimiento popular.

Si el objetivo es que los contenidos académicos se construyan en forma democrática entre todos los claustros, la construcción de contrahegemonía y poder popular estudiantil es un paso previo necesario.
De igual manera, si el objetivo es cambiar la sociedad la construcción de contrahegemonía y poder popular es un paso previo necesario.

La casta docente

Como movimiento estudiantil no hicimos una valoración correcta de la camarilla docente y de su capacidad de representar al corporativismo de la casta docente.

La camarilla docente hizo toda una cantidad de objeciones a nuestro plan de estudio en clave políticamente correcta. Excusas como la estabilidad docente, que los autores estén explícitos, que tengan saberes acreditados, etc.

Creo que el núcleo de la objeción era otro, más sencillo y visceral.
Cada docente posee el poder en el aula, el poder de poseer el saber, de poner las reglas, el privilegio de mandar. Es esa oferta que el sistema nos hace a todos todos los días, consentir nuestra propia opresión a cambio del poder de oprimir a otros.

Pues bien, la democratización del instituto ataca ese privilegio. Y el movimiento estudiantil en esta lucha atacamos decididamente el monopolio del saber docente. Eso abroqueló, con honrosas excepciones, a los docentes. El espíritu de casta docente defendió su micropoder en el aula.

Otro punto importante es lo que ofrecía el plan de la camarilla y que ofrecíamos nosotros a los docentes.
La camarilla docente ofrecía una “reforma” que garantizaba el ajuste a legalidad sin demasiados cambios en el trabajo cotidiano, o en todo caso los cambios perjudicaban a los estudiantes
Nosotros ofrecíamos un avance hacia lo desconocido, lo que incluye la posibilidad de errar y sobre todo, mucho esfuerzo. Hacer cambios reales, replanificar las materias, cambiar estructuras, nuevas relaciones, etc.

Y el espíritu de casta, mediocre y miserable, opto por la sencilla, la segura, la que garantizará que todo siga igual.

El techo

¿Cuál fue el momento en que llegamos al techo de la lucha? ¿Cuándo debimos darnos cuenta que no podíamos seguir por el mismo camino, qué debíamos consolidar lo ganado y avanzar por otro lado?

Ese momento puntual, en mi apreciación personal, fue la segunda junta de departamento que llenamos los estudiantes. Ese día el activismo se dio cuenta que no íbamos a lograr mover a la camarilla de sus trece y, poco a poco, fue desganándose.

Como una corriente decía en la asamblea “Fuimos 300 a la junta, los miramos fijo… y no cambiaron de idea. ¡Hay que hacer otra cosa!”
Si, pero ¿que? ¿Tomar el instituto? ¿Boicot a las clases? ¿Escraches?

Encontramos el límite a la acción directa porque ésta empezaba a agredir a nuestra propia base social, alejaba a los aliados y nos desgastaba como activistas.

Cambiar el rumbo era difícil. Más que nada por las provocaciones de parte de la camarilla que nos obligaban a endurecer. Juntas de departamento secretas, el rectorado legitimando ilegalidades, búsqueda de la intervención de la carrera.
Si esas fueron provocaciones, nosotros caímos en ellas.

En todo caso la camarilla demostró una falta de escrúpulos que nosotros no teníamos.
Nuestros métodos fueron la movilización, la asamblea, ocupar el espacio público, la comunicación masiva y el llamado constante a masificar. Del otro bando la mentira se enseñoreaba en el discurso.

El desgaste hizo mella en el activismo y en todo el profesorado. Docentes y estudiantes, cansados de un conflicto que parecía no tener fin empezó a clamar por una solución, a esta altura… cualquier solución!

El movimiento estudiantil, que se había fortalecido por una referencia que en su momento llego a ser de más de 700 compañeros, volvió al número de aquellos que Bertolt Brecht llamaba los imprescindibles.

Y en la desmovilización y en la incertidumbre los burócratas son reyes.

La camarilla aumento su base social ya que ellos si podían ofrecer una salida… “Lo de siempre y listo, intentar cambios traen estos problemas. Basta de grandes proyectos, la mediocridad asegura la paz”.

La respuesta fue burocrática: el Consejo Directivo subiendo el plan. Una carpetita yendo de un escritorio a otro, tal vez una llamada por teléfono, una reunión entre funcionarios o dos.

La base social de la camarilla no está dispuesta a movilizar a favor de esa bajeza, pero la derecha no necesita movilizar, su fuerza es la inactividad popular.

Lecciones para seguir

La camarilla docente fracasó estruendosamente porque su proyecto era subir su plan pero manteniendo las formas democráticas (formas, no contenido), y al final terminaron subiéndolo de la peor manera y con los peores métodos.

Pero al fin y al cabo la centroizquierda solo pretende hacer el trabajo de la derecha con buenos modales. Habiendo fracasado en los modales, es de esperar que pierda posiciones dentro del profesorado, dando lugar a los personajes abiertamente fascistas que ya conocemos.

De seguro Ayacucho y la camarilla nos recriminarán haber contribuido a su debilitamiento como alternativa a la derecha dentro del instituto. Esta bien, no esperamos que el progresismo se haga cargo de su propia mediocridad.

Como movimiento estudiantil nosotros debemos sacar las conclusiones que nos permitan capitalizar los avances parciales y también las derrotas. La lucha por el edificio y por el plan de estudio han sido dos golpes duros… si no avanzamos en reflexionar repetiremos los errores.
Ver a la propia construcción como única tarea previa y el luchismo que caracterizan a algunas corrientes son trabas importantes que, si no las superan, no les permitirá a estas corrientes ayudar en esta reflexión.

Yo, como militante que ve al pueblo como el sujeto de la revolución, creo necesario comprender que la lucha es estratégica y que si el horizonte no está al alcance de nuestras manos debemos asegurarnos de que cada lucha construya una trinchera, una posición que será nuestra y que mantendremos. Y entonces, en la próxima contienda el movimiento estudiantil no empezaremos de cero, sino de la última posición conquistada.

“El poder no se toma, se construye”


[1] En el texto repito varias veces el calificativo de “miserable”. Lo hago porque considero que es el término que pinta de cuerpo entero a nuestros adversarios. Sacrificaron una oportunidad maravillosa de todos de hacer historia, lo hicieron para conservar un sillón donde vegetar sin ser perturbados. ¿Qué es un burócrata sino un pobre miserable?

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