Razones para ser kirchnerista

Con motivo de la muerte del Kirchner, canal 7 publica en su web una animación con su vida, donde no se menciona nada del ex-presidente durante el proceso militar ni durante el menemismo. Si bien nuestra crítica debe incluir estos datos que al oficialismo “se le olvidan”, creo que no es lo central de un discurso que interpele al oficialismo.

Para enfrentar el kirchnerismo no alcanza con denunciar la corrupción, a De Vido o al pasado menemista de la pareja santacruceña. Hay que responder a sus ideólogos más lúcidos, aquellos que nos disputan las banderas y salen a pelearnos una misma base militante.

Responder a aquellos que aceptan al kirchnerismo como es, que no se engañan sobre la corrupción ni sobre el pacto con el PJ y la burocracia sindical, y que aceptan todo eso en nombre de lo posible, de lo real, de la tarea del momento. Son, como me decía un compañero, la generación de la derrota (de los 70). Y vienen a contagiarnos su derrota, a decirnos que esto es “lo posible”, que lo aceptemos como es y que no ataquemos lo real en nombre de lo que no se puede. Reconociendo todas las falencias del kirchnerismo, sin engañarse ni engañar a nadie, la izquierda kirchnerista defiende el “proceso” desde el “reconocer las contradicciones”.

Yo identifico dos argumentos (o razones) para ser kirchnerista. Estos son:
  • asumirlo como el mejor enemigo posible
  • asumirlo como el peor aliado tolerable.
Voy a tratar de rebatir ambas razones desde una posición de clase, es decir, partiendo de los intereses de las clases subalternas como punto de referencia.

El mejor enemigo

Este argumento es de aquellos que se ven fuera del proyecto kirchnerista, pero creen que la derecha es mucho peor. Este razonamiento esconde un error que es confundir enemigo con aliado.

Cuando uno elige a un enemigo debe elegir al que menos daño puede causarle. El más débil, aquel que uno cree que tiene más chances de vencer. No se elije al adversario por cuanto más se parece a uno, ni al más progresista ni al menos reaccionario. La opción no es moral.

Si es un enemigo, el objetivo es vencerlo. El tendrá una política destinada a que el pueblo no triunfe, es decir… por más progresista que sea, si su objetivo va contra el nuestro, si el gana nosotros perdemos.

El texto ¿Cuál es el peor? firmado por Vecinos Memoriosos reflexionaba con respecto a las elecciones Macri-Filmus del 2007. En ese momento, un debate se extendió en la izquierda sobre el mal menor entre el impresentable de Macri y el progre de Filmus. El texto, que copio en extenso, decía que “hay que advertir () que los peores no son quienes tienen planes más manifiestamente reaccionarios, sino los que aspiran, reservadamente, a crímenes menos espectaculares... pero realizables.”
Y, con respecto a la coyuntura electoral de la Ciudad de Buenos Aires del 2007, aclaraba:“ ¿Quién (Macri, Telerman o Filmus) de ellos será el más peligroso?: el que tenga una estructura, capacidad para gobernar. Claramente, ése es Filmus. Los otros, para concretar sus tropelías, necesitarán llegar a acuerdos con el peronismo en distintos niveles; Filmus tiene el apoyo del poder central, de la patria contratista, de los gremios burocráticos, de los aparatos mafiosos en las dependencias del Gobierno de la Ciudad, de los punteros, matones y lúmpenes que en los barrios embisten contra los espacios de autoorganización popular: todo unificado bajo una dirección centralizada, todo alineado hacia el mismo objetivo. (…) Para que no haya dudas: estamos diciendo que son menos peligrosos Telerman y Macri que Filmus. Lo cual no quiere decir que recomendemos votar por éstos (¡vade retro!), sino que los que somos del palo tenemos que estar advertidos del riesgo de que el feudo Kirchner se adueñe también de la Capital, y de que tenemos que hacer un esfuerzo en todos los ámbitos en que nos movemos para que esto no suceda previniendo a todos los que nos rodean.”

El peor aliado

Hay una máxima que dice “los aliados no se elijen”, pero entonces… ¿hasta donde llega el límite de lo que podemos tolerar como aliado?

Nuevamente, la opción no puede ser moral. Si el punto de referencia lo marca los intereses de la clase a la que pertenecemos, la pregunta es: ¿este aliado le sirve a nuestra clase?
Si la tarea es la construcción de poder popular, el kirchnerismo es enemigo declarado y conciente de todo aquello que no se le subordina. En conclusión, el poder popular se construye contra el kirchnerismo. Como aliado no nos sirve, no solo no compartimos objetivos, sino que es enemigo declarado de los nuestros.

Como el kirchnerismo acumula por izquierda, utiliza nuestras banderas y lleva a cabo reivindicaciones populares muy sentidas. La actitud con respecto a la toma del ministerio de educación de ceder al reclamo y no reprimir o hacia el asesinato de Mariano Ferreira que nos permitió ver a un Moyano intercediendo por los tercerizados y despegándose de los métodos que él mismo uso toda su vida son parte de esa “acumulación por izquierda”.

Posicionarnos desde los intereses de las clases subalternas es también la brújula que nos ayuda a posicionarnos con respecto a la ambigüedad kirchnerista en cada medida que toma. Así apoyaremos las que beneficia al pueblo y nos opondremos a las que no, concientes que en lo que respecta a la autonomía del movimiento popular, el kirchnerismo no cede ni puede ceder nada.

Un proyecto popular sin pueblo
Juan Pablo Feinmann explica muy claramente que aquello que lo une al proyecto kirchnerista son sus enemigos. Pero el argumento que más me gusta es cuando nos dice que el kirchnerismo es lo más a la izquierda que esta sociedad puede tolerar.
Desarrollemos este punto de análisis tan interesante: Según este, la sociedad, es decir, los que habitamos este país, el pueblo, no tolera nada a la izquierda del kirchnerismo.


Podríamos concluir entonces que el kirchnerismo es un proyecto popular que no cuenta con el pueblo porque éste no lo entiende, porque el pueblo no tiene conciencia y apoya al campo, o se queja de la corrupción, o del INDEC, o del PJ bonaerense, etc., en vez de defender sus intereses apoyando al “proyecto popular kirchnerista”.

Qué otra cosa hacían este año los militantes kirchneristas en las asambleas de las facultades tomadas sino quejarse de que el estudiantado le hacía el juego a la derecha (porque evidentemente no entiende las contradicciones del proceso) y no se da cuenta que este gobierno es, por ejemplo, “el que más aumento el presupuesto educativo”. Los kirchneristas niegan edificios que se derrumban en asambleas dentro de esos mismos edificios para proclamar estadísticas y reclamar fe.

La muerte llama dos veces

El asesinato de Mariano Ferreira tenso hasta el límite las “contradicciones del proceso” para los kirchneristas críticos. Los hubo aquellos que descubrieron que no era tan mejor enemigo y los que notaron que como aliado no era tan tolerable. Ese día la burocracia sindical dejó de ser un aliado (indeseable, pero aliado al fin) cuando nos recordó que asesina a los nuestros.

Si bien hubo kirchneristas que se pusieron las anteojeras, y ciegos y sordos a todo salieron a defender lo indefendible repitiendo un cassette, (el programa 6,7 y 8 fue expresión de lo inmoral del progresismo cuando rifó su dignidad armando operaciones de prensa descaradas) también los hubo más dignos. Horacio González, miembro de carta abierta, escribió (con el estilo adornado que lo caracteriza) la urgencia de las tareas pendientes del kirchnerismo del que él es parte: “…ninguna muerte debería ser necesaria para darnos cuenta de lo que abundantemente se sabe.¿Qué se espera? ¿Qué esperamos para torcer estos infaustos destinos?”.

La otra muerte, la de Kirchner, resguarda a los kirchneristas del asesinato de Mariano Ferreira. Los reconcilia con las “contradicciones del proyecto popular” y una plaza llena les da la certeza de ser pueblo.

Pero el pueblo es espectador, sólo es convocado a legitimar. El pueblo no toma iniciativas ni es deseable que las tome. El único actor, el que impulsa el “proyecto popular” es el estado.

Poder popular o populismo

Como una nueva izquierda hemos construido un discurso que (entre otras cosas) interpelaba a la vieja izquierda desde sus falencias y desde lo que creemos necesario para construir la izquierda que nuestro pueblo necesita. Ante un kirchnerismo que avanza con nuestros símbolos y nuestras banderas es necesario repensar ese discurso hacia uno que interpele también a esta militancia de “lo posible”.

En la introducción del libro “Reflexiones sobre el Poder Popular”, Stratta y Mazzeo identifican “un modo populista y modo popular en la intervención política popular” que, para no confundir, en el texto llaman al segundo como “modo socialista”.

Con respecto al protagonismo del pueblo en los procesos sociales, la introducción del libro dice:
“Para el populismo, pueblo es la formula que conjura la lucha de clases.
La intervención populista instituye formas de pseudoparticipación o participación en áreas marginales, sin poder decisorio, y exige por lo tanto la mediación de caudillos o élites. El populismo es una aventura vertical, y por lo tanto sus formulas no crean capital social.”

Para el modo socialista, en cambio, “la participación popular directa es clave. (…) pueblo es la formula que articula pluralidades subalternas; el hilván de luchas, construcciones y resistencias de los de abajo; el nombre de un sujeto revolucionario autoconstituido en la lucha de clases. (…) El socialismo es una aventura horizontal.”

El “proyecto popular kirchnerista” se impulsa a base de cargos en ministerios y de tranzas con lo peor de la mafia peronista y cgtista, sin el pueblo. Sin llegar a definir al kirchnerismo como populista, si podemos decir que “Populismo y socialismo son dos modos antagónicos de construcción de la demandas sociales”.

Es necesario construir un discurso que plantee, una vez más, la falencia de lo que hay y lo que hace falta construir. Es decir, el eje de nuestro discurso deber ser la construcción de poder popular y la autonomía del movimiento popular del estado y las clases dominantes, porque en un proceso popular el actor que impulsa el cambio social es el pueblo como “un sujeto revolucionario autoconstituido en la lucha de clase”.

Comentarios

Fede ha dicho que…
Me gustó mucho el texto, y me pareció muy interesante.
Creo que vivimos en una Argentina sodomizada por el clan K, y muchos apoyan desde la ignorancia este gobierno que se autoproclama 'socialista'. Saludos

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