Lanata y Yo.

(Este texto lo escribí esperando poder alcanzarcelo a Daniela Castelo para que lo leyera. Está inspirado en los debates sobre el rol periodístico y la independencia profesional que surgían en el micrófono del programa "no se lo digas a nadie". Mi deseo ahora ya no puede realizarse, solo puedo dedicárselo.
Daniela, gracias por los domingos y por las tardes que re-escuchaba los programas grabados)
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La primera vez que me peleé con Lanata fue en el año 1995 con motivo de la lucha contra la Ley de Educación Superior menemista. En esa ocasión discutimos sobre los métodos de acción directa del movimiento estudiantil y la institucionalidad. Claro que él nunca se enteró, al fin y al cabo yo lo conozco a él pero el no sabe que yo existo.

Siempre supe que Lanata y yo pertenecíamos a proyectos distintos, el era demócrata liberal y yo un socialista revolucionario. Pero siempre me gusto su forma de escribir, lo que decía, su agudeza, su inteligencia, su osadía, su irreverencia y su capacidad de romper reglas. Pero ese día nuestras diferencias políticas se hicieron tangibles, reales, tuvieron incidencia en mi actividad política.

En 1995 yo militaba en el MAS y estudiaba en el CBC de Drago. El Banco Mundial impulsaba una reforma universitaria en todo el mundo, y en Argentina el menemismo era correa de transmisión directa.

Como la iniciativa venía derecho del Banco Mundial, todos los partidos del régimen impulsaban su propio proyecto de ley tocando la misma melodía neoliberal. La Franja Morada hacía su juego, y contra la ley del poder ejecutivo, impulsaba un republicanisimo debate en el legislativo donde la UCR si tenía algún poder de negociación.

Así que a los morados se les ocurrió una idea genial, un abrazo al congreso... una idílica postal donde el movimiento estudiantil le hace mimos al poder legislativo para contrarrestar al malvado ejecutivo menemista. Pero la cosa no salió como ellos lo imaginaron... el abrazo al congreso muto en bloqueos para que los diputados no entren a legislar sin distinguir radicales de peronistas, porque el activismo estudiantil veía como enemigo a todos los políticos.

Nosotros como activistas estábamos exultantes: la Franja perdía el control sobre la lucha, la cual se salía de los carriles institucionales y asumía métodos de acción directa.

Pero Lanata pensaba otra cosa. En su programa rompecabezas en la RockAndPop hizo un alegato en contra de la acción directa y a favor de la democracia burguesa.

La comparación fue ridículamente terrible. "¿que pasaría... (pregunto por la radio) si el congreso decidiera derogar la ley del punto final, y los alumnos del liceo militar salen a bloquearlo para que no delibere?"  Y su opinión hizo mella. El estudiantado retrocedió arrepentido de lo que había generado.

La gran mayoría de los estudiantes eran antimenemistas convencidos, pero lo que más rechazaban era su escandalosa corrupción. La base social de nuestro movimiento estudiantil eran los futuros votantes de De La Rúa y la Alianza, y allí Lanata calaba hondo. Ese día Lanata y yo chocamos de frente. El segundo "abrazo-bloqueo" al congreso fue mucho más chico y fracasó. El tercero no se hizo.

Lanata era buen periodista para denunciar negociados, pero la lucha social lo ponía nervioso.

Creo que el sumun de su fundamentalismo demócrata-liberal fue cuando Eurnekian levantó el programa de Lanata en América (canal 2). Ese acto de censura fue la prenda de intercambio que Menem exigió para que el empresario "ganara" la licitación de los aeropuertos (Argentina 2000). 
Lanata dedico entero el último programa a este acto de censura de no renovar su contrato, mostrándolo como un acto de corrupción, ya que los ratings y la facturación en publicidad hacían, desde una lógica capitalista, a su programa "rentable". La conclusión de su editorial fue  "yo acepto y respeto las reglas de mercado, pero exijo que ellos también las respeten". 

Lanata es un fundamentalista de la democracia liberal. Siempre lo fué y no ha cambiado nada. Está parado ideológicamente donde siempre, con la visceralidad y la irreverencia que lo caracteriza. (En todo caso Tenembaun es igual, aunque con mejores modales.)

En la oscura década menemista ser progresista era sencillo debido a lo reaccionario del momento, pero ahora es otra cosa. Lanata no giro a la derecha, la que giro a la izquierda fue la sociedad. No se ha corrompido, es el mismo de siempre.
La explicación de las desventuras de Lanata es más compleja. Desnudan los límites de la independencia profesional para cumplir un rol social, y resaltan la necesidad del compromiso de los intelectuales con un proyecto con la identidad de la clase trabajadora.

Si el periodismo independiente y la información neutra no existen, si existen la lucha de clases y el compromiso militante. La información es, entonces, una trinchera más a ocupar por los movimientos y organizaciones populares.

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