Kirchnerismo: continuidades y rupturas

El kirchnerismo representa una continuidad del neoliberalismo al consolidar sus transformaciones, mientras promueve los cambios que necesita los actuales mecanismos de dependencia económica de nuestro país.


Continuidades:
Los procesos de transformaciones sociales, sean progresivos o reaccionarios, podemos analizarlos dividiéndolos en dos etapas: una primera etapa de impulso y avance dirigida por el sector más extremista se fija los horizontes más ambiciosos. Cuando este primer sector dirigente es derrotado sobreviene una segunda etapa acaudillada por un sector más moderado, que se fijará objetivos más moderados e incluso un cierto retroceso ordenado, en un proceso combinado que resultará en la consolidación de la etapa anterior. Esta dos etapas son un mismo proceso y sin la primera etapa de avance la segunda etapa no tendría espacio para "retroceder consolidando lo ganado".

En Argentina el menemismo impulsa las transformaciones neoliberales: El menemismo arrasa, destruye, corrompe, trastoca, transforma radicalmente la sociedad argentina. Un proceso de cambio profundo y ambicioso dirigido por el fundamentalismo neoliberal.

Cuando el proceso no puede seguir avanzando y el ala más extremista debe hacerse a un lado, un segundo sector más moderado toma la posta: El kirchnerismo coordina un retroceso en las conquistas neoliberales, pero consolida lo ganado.

Hay una ley kirchnerista con la cuota progresista de la que les gusta alardear que me gustaría utilizar para ilustrar este "retroceso que consolida". La ley de medicina prepaga fortalece los derechos de los usuarios frente a las empresas de salud privada. El "progresismo" de esta ley, que por un lado le mete la mano en el bolsillo al capital para beneficiar a los usuarios, esconde la renuncia a un sistema de salud público y, lo que es peor, renuncia a pensar la salud como un derecho al consolidarlo como un bien de consumo adquirible en el mercado.

Social y políticamente mucho más importante es la asignación universal por hijo. Pero esta ley representa la consolidación de una economía nacional "sana" basada en una balanza de comercio exterior positiva, exportación de materias primas y un nivel de desocupación estable y permanente sostenido por subsidios de desempleo, es decir la renuncia "progre" a una sociedad con pleno empleo.  

Debe quedar claro que el retroceso sobre las medidas neoliberales son producto de la lucha popular, y es obvio que la burguesía no cede por gusto. La asignación universal por hijo es, por ejemplo, una reivindicación histórica del movimiento piquetero. Su transformación en ley en nuestra victoria. Pero eso no puede ocultarnos que es un retroceso ordenado que consolida lo ganado por la burguesía en la etapa anterior.

Rupturas
El kirchnerismo, a su vez, asume en un cambio de época, con una situación nacional e internacional distinta a la etapa anterior. El kirchnerismo debe, por lo tanto, reflejar también esa ruptura.

Para enfrentar exitosamente al imperialismo debemos identificar lo que algunos llaman la "matriz de saqueo". En el 70 fue el endeudamiento y la destrucción de la industria nacional, en el 80 el FMI y el pago de la deuda externa marco el ritmo, en el 90 las privatizaciones dirigieron la expoliación y el sometimiento. En la etapa actual la matriz se basa en multinacionales extractoras de recursos naturales: Soja, Petróleo y Minería.

El kirchnerismo juega a ser nacional y popular criticando matrices de saqueo que ya no son hegemónicas. Prepotea al FMI 30 años tarde y no privatiza 15 años después, pero su integración con la nueva matriz de saqueo es profunda:
Cristina se reune cortésmente con la Barrik, mantiene la ley minera menemista e impulsa nuevos proyectos. Por otro lado la pelea con el campo es por el porcentaje de las retenciones, pero el modelo sojero no se discute, ni el control del mercado de granos ni la constante extensión de la frontera agropecuaria. YPF, histórico amigo y socio de la pareja Kirchner, permanece intocable con todos sus derechos adquiridos en la década menemista.

Conclusión: una misma identidad de clase
Este proceso de continuidad y ruptura es lo que explica como los campeones santacruceños del neoliberalismo de los 90 son los setentistas nacional-populares del 2000-2010. El que ve una contradicción (o hipocresía) no comprende que, dialecticámente, la actual solo es otra etapa al servicio de la misma clase social: la capitalista.

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