Fuentealba y el control de la calle


El asesinato de Carlos Fuentealba estuvo enmarcado en una discusión en la clase dominante sobre si el estado había recuperado o no su capacidad de reprimir la protesta social.
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En el 2007 existía un debate interno en la clase dominante sobre que táctica utilizar para contener la protesta social, es decir, como recuperar la calle. ¿El 2001 ya estaba lo suficientemente lejos? ¿El movimiento social aun mantiene reflejos de esas jornadas? ¿Se puede retomar la ofensiva? ¿O se debe ejercer una represión velada, escondida y puntual?

Por un lado, el kirchnersimo planteaba una represión velada, paraestatal, puntual a elementos seleccionados, escondida. Como ejemplo de esta represión informal podemos mencionar la patota de ñoquis municipales que reprimió la toma del hospital Francés en octubre del 2006.
Por otro lado, con el diario La Nación como su referente más serio, se fustigaba al kirchnerismo su uso de elementos alternativos y se proponía la rejerarquización de la policía como "EL" actor natural para ejercer la represión.
Contra los llamados a la no tolerancia de piquetes, el Kirchnerismo hablaba de “no reprimir la protesta social” mientras buscaba cooptar todo los actores sociales cooptables, y aislar los no cooptables.

Sosbicht, el candidato del orden
Es en medio de esta situación que un candidato a presidente intenta encarar la figura del orden asumiendo la representación del bando antiK en este debate. Jorge Sosbicht, gobernador de Neuquén por el MPN se ofrece como el candidato que acabará con los piquetes y le dará al estado las herramientas para recuperar el control de la calle.

El Paro del 4 de abril del 2007 con corte de ruta impulsado por el sindicato docente de Neuquén (ATEN) le presenta entonces una oportunidad de explicar a sus votantes como sería su obra de gobierno. La represión de ese día fue planificada como parte de su campaña presidencial.

El operativo policial es el más grande de la historia de la provincia, y se permite a la TV transmitir todo para que todo el país pueda verlo.
Los docentes confluyen en el punto donde estaba planificado el corte, pero ante la magnitud del operativo se retiran sin cortar la ruta. La policía los acompaña hostigándolos. El corte se había planeado en una zona alejada, por eso los docentes se turnan para subir a los pocos autos que conforman la caravana. La mayoría de los docentes va a pie pues los micros los han abandonado. Carlos Fuentealba, según todos los testimonios, acepta ocupar su turno de descanso en un auto ante la insistencia de sus compañeros.

Los docentes se retiran en orden, sin entrar en las múltiples y constantes provocaciones policiales. Sin embargo la decisión está tomada, se va a reprimir si o si. La tropa recibe la orden de avanzar sobre la caravana de docentes, las cámaras lo ven todo ya que no hay nada que ocultar: “que lo sepa el mundo, esta será mi política antipiquetes”. Palos, balas de goma, gas… el cabo Poblete dispara un gas lacrimógeno al auto donde está Carlos, el proyectil atraviesa la luneta y pega en la nuca de Carlos. Sus compañeros, desesperados, lo bajan malherido y lo recuestan en el asfalto.

Entonces, los oficiales al mando advierten que hay un muerto y detienen la represión. La orden era pegar pero no había autorización para matar. La policía es un perro fiel que mata con gusto, pero sabe que solo puede hacerlo si la dejan. Los docentes gritan "asesinos" al cordón policial, que responde con cara de pocker. El cabo Poblete desaparece de la escena, sus compañeros lo meten en un móvil y se lo llevan.

La reacción social ante el asesinato de Carlos Fuentealba resuelve el debate sobre el control de la calle: Podríamos decir que el kirchnerismo gana la discusión: “su” método es más lento y engorroso, pero es el único viable. Nuestra sociedad reacciona ante este asesinato, la candidatura de Sosbicht se derrumba, hay un paro docente nacional y un paro general provincial. La indignación que recorre nuestra sociedad se refleja en todos los diarios, radios y la TV.

Conclusiones:
  1. Cuando la policía mata, mata con balas de plomo: Kostequi y Santillán, el 20 de diciembre, etc. El asesinato de Carlos Fuentealba en Neuquén fue una ida de mano. La orden era una represión dura, poner de ejemplo a los docentes, intimidar a toda la sociedad, pero no estaba autorizado ningún asesinato. Por eso los mandos ordenan detener el operativo.
    1. En la masacre del puente Pueyrredón, por el contrario, la represión continúo varias horas posteriores a los asesinatos de Darío y Maxi, incluso en el hospital donde estaban los militantes heridos y se continuó la ofensiva con operaciones de prensa y un discurso que justificaba los asesinatos.
  2. Actualmente, la táctica más utilizada para matar se basa en el trabajo coordinado de dos niveles de represión, uno legal y uno ilegal. Se organiza el operativo represivo y dentro de este, se organizan los grupos que van a matar… Toda la policía participa de una represión "legal", solo algunos grupos de elementos "confiables" participan de la represión ilegal (asesinatos). Ambos sectores trabajan de conjunto y bajo un mismo comando unificado.
    1. En los 80-90 las fuerzas represivas llevaban armas no reglamentarias para que, en caso de usarlas, las “pericias” posteriores indiquen que no fue un proyectil de la fuerza. Podemos suponer que esa “táctica para matar” era fruto del poco respeto que los oficiales tenían en sus mandos civiles: Poco respeto en el sentido de que no se esperaba que el poder político tuviera “los huevos” para autorizar a matar, y poco respeto en el sentido que no se esperaba que el poder político tuviera “los huevos” para castigar los asesinatos.
  3. La decisión de matar es una decisión política, se toma arriba de la policía de acuerdo a un análisis de la realidad. La policía es el asesino material, no el intelectual.
  4. Que la policía (o cualquier otro grupo de choque) mate sin autorización genera problemas al poder político. El parque indoamericano y Mariano Ferreira son ejemplos puntuales de perdida de control de los grupos de choque por parte de sus jefes políticos. En los últimos años ha habido grandes esfuerzos por controlar la capacidad de matar de las distintas fuerzas. Las policías provinciales, menos entrenadas, son las más incontrolables pero esto se compensa con el menor valor que tiene la vida en las provincias.
  5. La sociedad argentina guarda una sana intolerancia hacia la muerte. Pero esta intolerancia está matizada racial, social y regionalmente.
    1. Matar un docente fue para Sosbitch un suicidio político,
    2. Asesinar un joven blanco de clase media es inaceptable, sobre todo en ciudades importantes.
    3. Los Qom de Formosa soportan constantes ataques y asesinados pero solo conmueven a los sectores progresistas de la sociedad.
    4. Los dos jóvenes asesinados en el descarrilamiento de José León Suárez han sido mucho más fáciles de asimilar. Solo sectores progresistas con algún grado de compromiso militante se han indignado.
La clase dominante, experimentada en la tarea de dirigir la sociedad, analiza cada nueva situación para aprender de sus errores. Miden constantemente la reacción social ante cada muerte para saber cuando dar la orden y cuando no, pues ha comprendido que su capacidad de reprimir depende del consenso social que posee. Nosotros, como militantes revolucionarios, necesitamos sacar nuestras conclusiones. Que nuestra sociedad brinde consenso para reprimir o, al contrario, que apoye las iniciativas populares en la lucha de clases es también un campo de disputa.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Buena nota, y en especial referida a la visión parcializada de la represión: un blanco vale más que un villero o un indígena; más pobre, más "morocho", menos indignación causa (algo para observar la cuestión de la racialidad de las clases). Agregaría que el Gobierno nacional deja en manos de los provinciales la represión, cuando le conviene o cuando de cualquier forma no puede controlarla
migue ha dicho que…
gracias. Intente hacer eje en el consenso social para reprimir como un campo que debemos disputar.

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