Voto electrónico, ¿Discusión técnica o política?

Ni el voto electrónico ni la boleta electrónica resuelven ningún “supuesto” problema del actual sistema pero sí crean nuevos problemas, además de dificultar la fiscalización electoral a las organizaciones populares. La iniciativa por el voto electrónico no surge por falencias en el sistema actual, sino de necesidades logísticas del PRO. El principal aspecto a discutir es que la ciudadanía se ve ajena a lo electoral porque no lo considera útil para mejorar su vida, es decir el aspecto político.

Aspecto histórico: La ley electoral Sáenz Peña nace contra el fraude.

El sistema de votación argentino es uno de los que más controles y reaseguros tiene en el mundo. No en todos los países hay ciudadanos como presidentes de mesa, fiscales de partidos y una veda electoral tan severa. Recordemos que nuestra ley electoral, la ley Sáenz Peña de 1912, nace contra el fraude. La oligarquía argentina, preocupada porque el pueblo “ignorante” votaba mal, incurría en lo que llamaba el fraude patriótico.

La recién creada UCR no se presentaba a elecciones porque no había garantías. La situación era institucionalmente insostenible, hasta que por fin la ley Sáenz Peña permite elecciones limpias que ganó una joven y popular UCR.

No existen esos problemas de transparencia que el voto electrónico vendría a resolver, pero si estos existieran, el voto electrónico los empeoraría:

Aspecto técnico: Vulnerabilidad del voto electrónico y de la boleta electrónica

La actual discusión sobre una reforma en el sistema de votación va a abusar de las cuestiones técnicas, y aunque debemos tener claro que lo importante es la discusión política, es bueno conocerlas.

Lo primero que debemos saber es distinguir entre voto electrónico: la urna sería una especie de cajero automático donde se eligen las opciones, y boleta electrónica: en el cuarto oscuro hay una impresora que imprime boletas con un código electrónico.

Un dato importante es que muchos países que adoptaron el voto electrónico luego lo descartaron por inseguro. El más emblemático por solidez institucional, capacidad tecnológica y nivel económico es Alemania.

Las objeciones técnicas son:
  1. en el voto electrónico es imposible que el voto sea secreto porque la computadora guarda el orden en que ingreso cada voto. En la boleta electrónica, si el software está bien hecho, no estaría este problema.
  2. En el voto electrónico, en caso de fraude no hay forma de verificarlo. Si los datos fueron alterados, no importa cuántas veces la máquina cuente va a dar lo mismo. La máquina no se equivoca, hubo fraude por alteración, hagas lo que hagas, el resultado siempre va a ser el alterado. En la boleta electrónica depende de que el ciudadano controle la boleta impresa en el momento.
  3. Tanto en la boleta como voto electrónico, la tarea de fiscalización depende de técnicos especializados. Para fiscalizar seriamente un partido político debe contratar un ingeniero de software que haga una auditoría, Es decir, obtener el programa, leerse el código de ese software y luego asegurarse que ese sea el código que utilizará la máquina electoral. A diferencia del sistema actual, donde fiscalizar es sencillo pero requiere de muchas personas, pasaría a ser complejo (y caro) pero alcanzaría con pocas personas.
    1. Entendamos lo que es fiscalizar una urna electrónica: implica que la junta electoral entrega una copia del software a cada organización, y que los partidos el dia de las elecciones pueden ir a cualquier urna en cualquier mesa, conectarse con una notebook a la urna y comprobar que el software instalado es copia del entregado por la junta electoral.
En conclusión, el voto electrónico está muy cuestionado, pero por eso el macrismo propone la boleta electrónica, pero la boleta también tiene graves problemas.

Aspectos políticos: lo importante

La iniciativa a favor de máquinas electorales también se apoyan en otras cuestiones menores, como la necesidad de velocidad en la noticia de los medios y la cultura 2.0 de nuestra época. Y no menospreciemos el negociado detrás, un valor importante para políticos de la talla de Macri, que definitivamente no son estadistas.

La dimensión política debería ser la que organice a su alrededor todas las demás.
hoy dos cuestiones políticos importantes:

Lo político 1: Las necesidades del PRO

El voto electrónico no soluciona ningún problema al votante, ni a la sociedad ni a la institucionalidad, pero si le soluciona un gran problema logístico al PRO. Ese gran y molesto esfuerzo de movilizar miles de personas en los comicios, puede solucionarse en forma online si está todo automatizado. Y mucho mejor si esa automatización la paga el estado.

No solo la fiscalización, que el PRO soluciona contratando empleados, sino mucho más importante, la de poder reemplazar esas pequeñas avivadas que los fiscales han aprendido desde 1983 por avivadas en software diseñado por expertos: Avivadas 2.0

Los fiscales han aprendido pequeños trucos, legales, que influyen en el poroteo. Cosas como quitar las boletas cortadas para disminuir tendencias, que las boletas de sus partidos estén primero, o al menos bien visibles y no mezcladas en el centro de la mesa, miniedades que influyen en el número final.
Está demostrado que, y es cada vez más estudiado, la forma en que la pantalla presenta las opciones electorales influyen en el resultado. El gran fraude electoral es una carta fuerte que el sistema usará cuando la necesite, pero que no piensa dejar que nadie la queme porque si. Lo que está en disputa es pequeños detalles que manipulan resultados basándose en la subjetividad de las personas. Colores, posiciones y orden de los elementos que estudian el marketing, la sociologia, la psicologia y otras disciplinas. El PRO es experto (y fan) de estos saberes.

Estas avivadas incluyen desde actos legales, como en qué lugar de la pantalla está el voto en blanco, donde y que tan grande se ve la opción de votar lista completa, hasta avivadas ilegales, como que en el random (sorteo) del orden de las boletas en pantalla algún algoritmo haga que la mayoría de las veces unas opciones aparezcan en algún lado y otras en otra, o cambiar fotos o colores. Y estas avivadas 2.0, a diferencia de lo difícil de ocultar que son en el actual sistema, en un sistema informático son muy difíciles de percibir.

La automatización del acto electoral volverá oscuro un acto transparente, porque se puede negar la sospecha o sembrarla de acuerdo a lo que convenga, y es muy difícil de comprobar tanto por el si como por el no.

El modelo de partido tipo PRO, con poca militancia y una relación on-line con el ciudadano se beneficiaría de la automatización, los partidos tradicionales y la burguesía no la necesitan, pero tampoco hará una oposición de principios.

Lo político 2: El pueblo se siente ajeno a lo electoral

Pero la gran cuestión política es que los ciudadanos han llegado a la conclusión que votar no es una herramienta útil para resolver los problemas nacionales, sociales, populares y ningún otro, por lo tanto no está dispuesta a defender el sistema electoral. Y no importa los reaseguros del sistema electoral, electrónico o no, el principal garante es que la población esté interesada en defender la transparencia.

Desde 1983, cuando la población participó entusiasmada de lo que se llamó la fiesta de la democracia, hasta nuestros días, ha habido una degradación de la confianza en el acto electoral.
Ese lugar común que dice “lo mejor es la democracia” (burguesa) no alcanza para tapar lo que la población palpa: votar no sirve para mucho. El acto electoral se ve como algo lejano por la mayoría de la población.

Valoremos el acto electoral desde el romanticismo liberal: se supone que las elecciones son un día en que el “ciudadano” manda sobre el estado. Ese día, por ejemplo, el presidente de mesa, un ciudadano común sin afiliación política, es la máxima autoridad (en la mesa). Puede darle órdenes a la policía y su criterio es el que manda. Es el día de control ciudadano sobre el estado.



Esta visión se ha vuelto inviable a medida que la población perdió fe en las elecciones. En la práctica, aunque no en la ley, los presidentes de mesa son cada vez más ciudadanos que no entienden, descomprometidos, que quieren que alguien les diga qué hacer. Una figura ha crecido en los centros de votación en los últimos años: El delegado de la junta electoral (funcionarios del poder judicial). Cada vez más poderosos, instituidos como el “tipo neutral que entiende”, son los que mandan y resuelven que hacer, consultados por la policía y por los cada vez más descomprometidos presidentes de mesa, son la máxima autoridad “de hecho”. (La reforma que se está discutiendo tal vez instituya una autoridad judicial por mesa, ya no de hecho, sino legalmente).

Ante el vacío popular del acto electoral, el sistema ensaya reformas y parches: Primarias obligatorias, boleta única, a color, mandatos más cortos, etc. Pero son cambios superficiales que no resuelven el problema: lo electoral es la forma en que el pueblo queda fuera de las decisiones. Los pueblos lo notan, en Argentina y en el mundo.

Conclusión:

La reforma electoral es más una necesidad neoliberal (PRO), de su visión de la participación ciudadana y de su “nueva” forma de “hacer política” que necesidad sistémica. En Argentina el capital no está urgido a reformar un sistema electoral que (aún) le funciona, lo que no quiere decir que se oponga. A medida que la democracia representativa se vacíe más y más, tendrá que recurrir a más maquillaje, pero no puede tocar el centro del problema. La ciudadanía vota pero no decide

Como militantes, debemos saber que lo central es para que le sirven al pueblo las elecciones, que batallas puede ganar en ese terreno y cómo adquiere conciencia y organización para librarlas.

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